Otra vez una bomba en Bogotá

Explotó una bomba en Bogotá, que causó 36 heridos y afectó a los edificios donde tienen su sede Caracol Radio y la Agencia Efe el 12 de agosto. La noticia ya es de todos conocida. Aquí un enlace a la experiencia de Martin Franco, redactor de la revista CROMOS y colombiano, para más señas.
La limpieza de escenas del crimen, nuevo negocio en la violenta Ciudad Juárez
Ciudad Juárez (México), 13 ago (EFE).- El aumento de la violencia en Ciudad Juárez, en la frontera de México con EEUU, ha llevado a las empresas de limpieza tradicionales a incluir entre sus servicios las sangrientas escenas del crimen, por lo que algunas cobran una media de entre 200 y 300 dólares por caso (156-234 euros).
Algunos trabajadores de esas compañías confesaron a Efe que la falta de empleo en la considerada urbe con más violencia de México les ha llevado a aceptar un empleo “mal remunerado” y en el que se enfrentan en ocasiones a escenas “dantescas”. (para seguir leyendo, pincha en el título)
FUENTE: WWW.ADN.ES
David Simon, creador de THE WIRE: «La gente que lleva los periódicos ya no respeta su propio producto»
David Simon (Washington DC, EEUU, 1960) habla sobre periodismo con el cariño, la vehemencia y la claridad de quien ama profundamente esta profesión. De quien nunca ha dejado de sentirse como aquel reportero que durante años pateó las comisarías de Baltimore (Maryland, EEUU) en busca de historias que alguien siempre prefería mantener ocultas.
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¿Ciudadanos vs. Empresarios? : La batalla global por los contenidos en internet
Por Iván Hernández
De Australia a Estados Unidos, pasando por España, Francia o Suecia, se está librando una batalla en apariencia invisible: la provocada por la libre circulación de contenidos en internet, que enfrenta a cibernautas contra empresarios y gobiernos. En mitad de esta guerra se encuentran los creadores, que debaten a qué bando desean apoyar. Los empresarios no quieren renunciar a sus ganancias millonarias por comercializar dichos contenidos, y los gobiernos de las principales economías mundiales intentan bloquear las redes de descargas, acercándose peligrosamente a la censura.
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Sonia Shah: “Es el gran momento del periodismo científico”

Por Iván Hernández
Además de los corresponsales de guerra, de los reporteros que destapan los grandes escándalos políticos y de los cronistas que viajan por todo el orbe contando las historias que quedan fuera del papel o de la pantalla, existe otra especie de periodistas cuyo trabajo cobra cada vez más importancia: la del periodista científico. No arriesga su vida en mitad de la selva ni manda a prisión al gobernador de turno, pero puede llegar a poner en evidencia problemas tan importantes o más que las guerras o los negocios ocultos de las clases gobernantes corruptas.
Un buen ejemplo de ello es el trabajo de la periodista estadounidense Sonia Shah, que ha dedicado buena parte de su vida profesional a denunciar los abusos de las empresas farmacéuticas trasnacionales en los países pobres, la relación entre las enfermedades y el cambio climático o la relación entre la pobreza y la malaria.
Articulista frecuente de publicaciones como The Washington Post, The Boston Globe, New Scientist, The Nation y considerada como una de las autoras de referencia en su especialidad, Sonia Shah platica con Etcétera desde Baltimore de su profesión y su próximo libro, The Fever (La fiebre) una especie de historia crítica de la malaria.
Iván Hernández: Además de periodismo estudiaste neurociencias y filosofía. Con esta mezcla tan peculiar ¿cómo decidiste convertirte en periodista?
Sonia Shah: Empecé a reportear en la Universidad, no creo que haya decidido conscientemente convertirme en periodista. Mi plan era estudiar medicina, pero luego me di cuenta de que quería escribir de ciencias sin tener que convertirme en una científica. Y sobre la ciencia y filosofía, las estudié porque ambas son maneras diferentes de hacerse las mismas preguntas desde distintas perspectivas.
IH: Así como el modelo a seguir para algunos periodistas es Ryzard Kapuscinski, ¿tú tuviste algún modelo a seguir?
SS: Mi modelo a seguir fue Barbara Ehrenreich, una ensayista y activista social estadounidense que estudió un doctorado en biología en la universidad Rockefeller de Nueva York y luego decidió involucrarse en política (Barbara Ehrenreich ha escrito para para Times, The New York Times o New Republic y es actualmente dirigente del partido socialdemócrata en EE.UU.)
Su primer libro Cazadores de cuerpos. La experimentación farmacéutica con los pobres, publicada por la editorial española 451, cuenta, basándose en una documentación exhaustiva que le llevó cuatro años de trabajo, cómo en los últimos cincuenta años las grandes empresas farmacéuticas han invertido la mayor parte de sus esfuerzos en producir medicamentos para los países ricos utilizando como ratas de laboratorio a cientos de personas en los países del tercer mundo. En contra de lo que podría pensarse, para Sonia no fue difícil escribir este libro: las editoriales independientes se pelearon su publicación. “también hay editores valientes”, dice.
IH: Has presentado tu libro en muchos lugares diferentes, ¿crees que tu libro ha servido para cambiar algo?
SS: La historia que hay detrás de Cazadores de cuerpos la han aprovechado algunos periodistas europeos para buscar sus propias historias. También sé que algunas ONG’s, basándose en la lectura de este libro, han empezado a colaborar con proyectos relacionados con el mismo tema. Creo que están empezando a cambiar las cosas, que hay una conciencia política más alta que antes y estoy muy contenta por ello.
Lo mismo en América Latina que en África, Asia o en Europa del Este, Shah cuenta en Cazadores de cuerpos casos en los cuáles los grandes grupos farmacéuticos, acorralados por las crecientes restricciones de los comités de ética de Estados Unidos, optaban por experimentar con gente pobre, con el argumento de que si la pobreza condenaba a esas personas a morir, cualquier experimento que se hiciera con ellos, por peligroso que fuera, valía la pena. Otro de los mayores inconvenientes con los cuales se encontraban las empresas era la gran cantidad de personas –a veces más de cien mil—necesaria para probar sus medicamentos. “El problema es que gran parte de las nuevas drogas no son efectivas”, explicó Shah en una aparición en Londres,—que puede ser consultada en Youtube—, “y aún pagando a posibles reclutas no consiguen el número suficiente de personas para sus experimentos”.
LA HORA DEL PERIODISMO CIENTÍFICO
IH: Calentamiento climático, terremotos, descubrimientos tecnológicos que cambian la vida de las personas ¿crees que el periodismo ha sabido dar cuenta de todos estos temas?
SS: lo que creo que es un gran momento para ser un periodista científico. En los últimos 15 o 20 años teníamos mucha más información de lo que tuvimos antes, pero tenías que ser un académico oscuro y encerrado en la biblioteca o en un cubículo para tener esa información, de lo que obtenías solamente ensayos muy densos. Ahora puedes encontrar grandes archivos que están disponibles para cualquier persona, es un buen momento para reinterpretar asuntos que solamente se acercaban desde un punto de vista académico, muy académico.
IH: Hablando sobre la cobertura que los medios hacen de nuevos fenómenos, ¿qué opinas sobre la cobertura de la gripe A y de la cantidad de vacunas que los gobiernos compraron y que en algunos casos fue excesiva?
SS: es válido cuestionarse si fue una buena o mala decisión comprar tantas vacunas para el virus H1N1- Todavía quedan muchas preguntas sin respuestas, porque sabemos que la forma en cómo se entregaron estas vacunas a la gente fue completamente política. Si te fijas por ejemplo en el tamiflú, que fue uno de los medicamentos que se usaron, te das cuenta que es increíblemente pequeño el beneficio que te da, pero al parecer era la única medicina que había a la mano y los gobiernos estaban obligados a reaccionar rápidamente.
IH: ¿No crees que en muchos casos los medios utilizaron la pandemia de la gripe A para aterrorizar a la gente y aumentar su rating?
Sonia Shah: Creo que la cobertura fue buena, prácticamente todos los medios se hicieron eco de lo que sucedía e hicieron un seguimiento de todo lo que fue pasando. Quizá, a diferencia de otros casos, en este hubo demasiada información y era difícil para los medios absorberla toda, incluso los mismos científicos tenían dificultades para procesar tanta información.
Su próximo libro, llamado The Fever: How Malaria Has Ruled Humankind for 500,000 Years (La fiebre: cómo la malaria ha dominado a la humanidad por 500.000 años), que será publicado en inglés el próximo julio, habla de cómo a pesar de los avances científicos y del dinero que han invertido para erradicar esta enfermedad las empresas privadas y los gobiernos, la malaria sigue siendo una amenaza para la humanidad por su capacidad de expansión y de mutación.
IH: ¿Por qué te decidiste a escribir este libro?
SS: Cuando era niña pasaba temporadas en Bangalore y Mumbai, en la India, y veía cómo a pesar de la riqueza natural del país la gente se moría de hambre en la calle. Me gusta hablar de las desigualdades que hay en el mundo, y creo que hablar de la malaria es hablar sobre las desigualdades. La pobreza causa malaria, pero también la malaria causa pobreza.
IH: ¿Cómo puede escribir sobre temas tan terribles una persona como tú, que por su aspecto físico y su voz parece tan tranquila y tan pacífica?
SS: Algunas veces la gente cree que cuando tú escribes sobre estas cosas estás constantemente furioso, pero de hecho yo me divierto cuando escribo sobre estas cosas porque son un reto intelectual gracias al cual aprendo.
publicado en la revista mexicana ETCETERA, en su edición de Mayo de 2010
El rastro en los huesos, de Leila Guerriero

fuente: EL ESPECTADOR.COM
Con esta crónica, la periodista argentina Leila Guerriero ganó el premio de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), creada y presidida por el Nobel colombiano Gabriel García Márquez. El rastro en los huesos fue originalmente publicada en el número 88 de la revista mexicana Gatopardo, que ofrece este resumen:
El Equipo Argentino de Antropología Forense nació en los años ochenta para identificar a víctimas de la última dictadura militar en su país. Desde entonces, sus miembros han recorrido los países más conflictivos del mundo aplicando la ciencia forense a los derechos humanos, uniendo restos con familias doloridas. Ahora, por primera vez y gracias a la genética, su trabajo en Argentina podría estar cerca del final.
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ENTREVISTA CON GAY TALESE
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Robert Birnbaum: Sé que eres un gran aficionado de los Yankees. ¿Hay alguna historia que creas que los periodistas deportivos no han contado sobre los Yankees y los Medias Rojas?
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Gay Talese: Ahora mismo estoy pensando en 50 historias que podría contar
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RB: ¿En serio?
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GT: Sin falsa modestia, puedo decir que tengo una forma de mirar cualquier tema --podrían ser los Yankees o un árbol en Boston-- donde me diría a mí mismo: hay otra forma de mirar este árbol, o este partido o a estos jugadores. Sí, por supuesto. ¿Quieres toda una colección de ideas para historias? Pues no.
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RB: En A Writer’s Life, estas sentado a la mesa de un restaurante y ves a un hombre comiendo pescado --luego el párrafo continúa una página o así-- y me recordó cuando estábamos en la clase de biología de la preparatoria y te enseñaban una gota de agua bajo el microscopio.
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GT: Sí, se trata de la imaginación del escritor de no ficción. La no ficción de la que tratamos es otra forma, muy particular pero muy creativa de mirar, y puedes tomar de modelo cualquier tarea, materia, tema, y escribir sobre él si eres capaz de verlo de una forma vívida o aleccionadora. Y como mencionaste, suelo ir mucho a los restaurantes. en ellos trabajo solo todo el día. En la noche me gusta tener algo que hacer en un lugar donde haya gente y esa es la mejor excusa para escribir sobre la gente. No me importa tanto la comida como la atmósfera. Los restaurantes son un escape maravilloso para mí. Y para mucha gente. La gente va a los restaurantes por los motivos más variados. Para cortejar a una muchacha, para cerrar un trato. Quizá para hablar con un abogado sobre una pensión alimenticia. Lo que creo que he hecho desde que era 50 años más joven --eso significa a los 24; ahora tengo 74-- es escribir la no ficción como si fuera ficción, y aunque sea muy diáfana y hasta verificable, no deja de ser una historia. Es narrar. No es contar la historia de alquien que ya conoces. Es, más a menudo, contar la historia de un desconocido. Y si se trata de alguien que conoces, entonces tratará de un aspecto de esa persona que ignoras. Es una forma de mirar, de investigar. Puede ser mediante entrevistas, o simplemente de ir por ahí a echar un vistazo. por ejemplo, en muchas universidades incluyen parte de mi trabajo en sus programas de escritura. Suelen enseñar, por ejemplo, "Frank Sinatra está resfriado", algo que escribí cuando tenía 25 años menos o más. Ese no es Frank Sinatra. Ni siquiera hablé con Frank Sinatra.
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RB: (risas)
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GT: Es mejor aprovechar la oportunidad de escribir algo que sientas cerca de tu corazón, que creas que es lo que deseas escribir, y si no lo publican, guardalo en un cajón. Quizá algún día encontrarás el lugar para publicarlo. Puedes sacarlo del cajón e incluirlo en un libro, por ejemplo. Yo escribí todo un libro cuando tenía 24 años. Escribí un libro llamado: Nueva York: Diario de un explorador. Fue mi primer libro publicado. Era un volumen delgado y logré que un fotografo amigo mío ilustrara algunas de las historias.
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fuente: http://www.themorningnews.org/archives/birnbaum_v/gay_talese.php
Carla Bruni según el escritor español Agustín Fernández Mallo

Me gusta Carla. Me gusta cómo canta, me gusta su falsa timidez, me gusta la longitud de sus piernas, me gusta su voz falsamente frágil, me gustan sus virtudes camaleónicas, me gusta que rete a Doña Letizia, me gusta que se haya ligado al presidente más bajito de la Tierra, me gusta cuando viste de Jakie Kennedy, cuando viste de Play-Boy, cuando viste de mema, de provinciana, me gusta cuando no se viste, me gusta porque podría haber sido tanto una musa Nouvelle Vague como una chica Bond, me gusta que su cuerpo no sea exactamente proporcionado, me gusta que haya sido modelo de pasarela, la profesión mística e inmaterial por antonomasia, me gusta que siempre esté actuando, me gusta porque la imagino sola en su palacio, dándole vueltas a la gargantilla de brillantes mientras le pone una cuerda nueva a su guitarra española, tomando un sandwich y un vaso de leche fría, mirando por una ventana un jardín extravagante, casi incomprensible para cualquier humano menos para ella. Sí, me gusta Carla pero, sobre todo, lo que más me gusta son sus manos, filamentosas, acabadas, buques de carga de una de joven modelo retirada.
FUENTE: BLOG DE FERNANDEZ MALLO (http://blogs.alfaguara.com/fernandezmallo/)
Diez libros de no ficción que hay que leer antes de morir, según Leila Guerriero

Por: Leila Guerriero. Tomado de soho.com
1. Operación masacre, de Rodolfo Walsh: el argentino Rodolfo Walsh escribió Operación masacre ocho años antes de que Truman Capote escribiera A sangre fría. Muchos establecen, aquí, el comienzo de la no ficción. Como sea, este libro es una maquinaria implacable, una investigación puesta en marcha a partir de una frase magnífica “Hay un fusilado que vive”, con datos chequeados por tres y cuatro fuentes, escrito en un estilo asombrosamente contemporáneo. El prólogo a la tercera edición basta para rendirse a sus pies. A los de Walsh, claro.
2. El violento oficio de escribir, de Rodolfo Walsh: reúne su obra periodística entre 1953 y 1977. Si alguien se atreve a pensar que inventó alguna cosa, haría muy bien en leer los textos de este hombre que escribía lo que escribía más de cincuenta años ha.
3. La guerra moderna, de Martín Caparrós: crónicas planetarias que hablan de la prostitución infantil en Sri Lanka, el carnaval en Río y la música tropical en la Argentina. Todo lo que hace falta saber sobre la crónica qué mirar, cómo mirar, cómo escribir está aquí. Después, claro, hay que leer El interior, una obra en la que Caparrós toma riesgos narrativos majestuosos.
4. A sangre fría, de Truman Capote: a pesar de que, gentileza de Hollywood, se puso de moda asegurar que Truman Capote era un manipulador, la historia de la matanza de los Clutter es una obra con la potencia de un acorazado, igual de inoxidable.
5. Féretros tallados a mano, de Truman Capote: incluido en Música para camaleones, cuenta una serie de crímenes reales ocurridos en un pueblo del oeste americano. Utilizando un diálogo interrumpido por párrafos que hacen avanzar la cronología, transmite un miedo enceguecedor.
6. El ladrón de orquídeas, de Susan Orlean: la severidad de la investigación y una extraña sutileza reinan en este libro, atravesado por la búsqueda de un grial que, al final, no aparece: la orquídea fantasma. 7. Retratos y encuentros, de Gay Talese: incluye textos canónicos, como Frank Sinatra está resfriado, pero Nueva York, ciudad de cosas inadvertidas, es una pieza encantadora, escrita en puntas de pie.
8. El enterrador, de Thomas Lynch: Thomas Lynch es norteamericano, poeta, y fue, por veinticinco años, dueño de una funeraria en Michigan. Escribió este libro cuyo tema es la muerte, los muertos, el oficio de enterrar. En el capítulo ‘Tratado breve’, habla de su propio entierro: “Quiero nieve revuelta para que la tierra se vea herida, abierta a la fuerza, sin disposición a participar (…) Vayan hasta el hueco en la tierra. Quédense al lado. Miren dentro. Pregúntense. Y sientan frío”. Después dice: “Vivan para siempre”. Y entonces todos podemos llorar en paz.
9. Ébano, de Ryszard Kapuscinski: no hace falta leer mucho más para entender el continente africano. Ni para saber por qué tantos dicen que Kapuscinski era un señor muy genial.
10. El libro de la almohada, de Sei Shonagon: escrito por una mujer japonesa entre el año 900 y el 1000, contiene, entre otras cosas, listas como las que siguen: “Cosas que dan una sensación de limpieza: una taza de barro. Un recipiente nuevo de metal. Una caja de madera nueva”. O: “Cosas encantadoras: huevos de pato. También sus nidos”. Y esta: “Cosas sórdidas: el revés de un bordado”.